martes, 25 de diciembre de 2012

Sentir








Escribo lo que siento y siento lo que escribo;
el papel se empapa de sangre y va cobrando vida,
palpitando como un corazón.

La mirada al mundo es importante en este proceso de escritura, mis ojos ven lo que mi mente intenta comprender, pero mi alma se lanza al vacío, y no espera,
y dicta las palabras que hieren el papel.

Nada se programa, todo brota, como sangre de arteria;
sentir que se plasma en bruto lo que se siente, sin reflexionar casi... Un borrador de puros sentimientos.

Los cinco sentidos se activan y todo mi ser es una esponja que absorbe despojos de humanidad hermana, que me queman la piel y se unen al fuego de mi corazón.

Si supieran la amistad que regalan, unas simples cuartillas de papel; amigas pacientes que aguantan amables mi escribir; confidentes fieles que prefieren perecer quemadas antes que ser raptadas.

Sentir demasiado no puede ser bueno y,... ¿cuánto es demasiado?; a veces pienso que la felicidad habita donde hay poco sentir, porque el sentimiento te hace un infeliz. El mundo anda tan sobrado de dolor, que todo el sentimiento es poco para aplacar el calor de esa herida.
 



 

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