jueves, 27 de diciembre de 2012

La visita del monje










Lama Lobsang Tsultrim


 

 

 

¡A ver, chicos!; recuerden que mañana, a primera hora, recibiremos la visita del maestro tibetano - apuntaba Rosaura a sus alumnos, del colegio Cataluña -. Lobsang Tsultrim es un monje tibetano que en 1981 llegó a España e impartió enseñanzas en diferentes centros educativos. 

 

 

El colegio tenía programada la visita del maestro desde hacía meses; iba a estar en todas las clases y todo apuntaba que iba a ser un acontecimiento muy interesante, y no sólo para los alumnos... Su anunciada visita había despertado un gran entusiasmo e interés entre todos los profesores. La visita, obviamente, tenía el marcado carácter pedagógico del conocimiento de otras culturas, ideas y costumbres; además de ese halo de espiritualidad y misterio que envuelve a todo lo relacionado con el Tíbet. 

 

 

Además, el maestro, donde quiera que iba, tras su presentación y una breve charla, tenía por costumbre plantear situaciones - concretas y de honda reflexión - con un trasfondo de inquietud espiritual. Al fin llegó el día y el monje - ataviado con los tradicionales ropajes y ademanes humildes - fue recibido por el director del colegio, seguido de un amplísimo séquito de chiquillos y profesores.

 

 

El Maestro Lobsang, casualmente, inició su presentación en la clase 1ºC, justo la de los alumnos de Rosaura; donde el ventanal más amplio de la misma daba hacia la calle principal - cosa que siempre ha despertado las discrepancias de los profesores, por aquello de la distracción de los alumnos -. Como cabe suponer, Lobsang hablaba correctamente el castellano y se expresaba, además, de forma muy serena, amena y simpática.

 

 

Habló sobre el rico mundo que hay en el interior de todo ser humano; un mundo - acentuó - al cual, en occidente, no se le presta la debida atención. Explicó muchas cosas en este sentido, y de una forma tan magistral, que en todo momento los jovencísimos alumnos le prestaron motivada y expectante atención. Cuando Lobsang concluyó su exposición en el aula, al instante, todos los alumnos secundaron el vivo aplauso de su profesora.

 

 

Cuando el maestro se iba, Haydee - una guapa y aplicada alumna que siempre se sentaba en la tercera fila, junto a su amiga Alba -, alzó su brazo reclamando la atención de su profesora, a quién expresó si el Maestro iba a sugerir algún planteamiento o situación, sobre la cual debatir y extraer reflexiones. La profesora, haciéndose eco de la inquietud de la alumna, la transmitió al Maestro Lobsang Tsultrim.

 

 

Lobsang se acercó al amplio ventanal que daba hacia la calle principal, acto seguido, solicitó a todos - sin excepción - que se acercaran y mirasen al exterior, planteando lo siguiente:

 

prácticamente, quizás todos los días y, antes o después de estar en clase, doy por sentado que compráis alguna chuchería en ese establecimiento de enfrente... ¿Podéis decirme cómo se llama la hija del dueño del negocio?.

 

 

Prácticamente, todos los niños respondieron al unísono... ¡María!.

 

¡Bien! - exclamó Lobsang -. Ahora, a la derecha del local de chucherías hay una tienda de telefonía móvil... ¿Podéis hablarme de marcas e incluso de características técnicas de los móviles que allí se pueden adquirir?

 

Al igual que antes, habló la mayoría, y  atropelladamente en pocos segundos se pronunciaron marcas de diferentes móviles e incluso se apuntaron algunas características de ellos.

 

 

Por último, el monje los ocupó con una cuestión más...

 

Prácticamente todos los días e incluso desde el propio aula, en vuestras distraídas miradas cuando miráis a través del amplio ventanal, veis a un señor que casi siempre está entre ambos locales; a veces sentado en el suelo, otras de pie e incluso, tirado sobre la acera... ¿Sabe alguno de ustedes cómo se llama ese señor?

 

Tras unos segundos de incómodo silencio, los alumnos fueron hablando y exponiendo respuestas muy variopintas:

 

- Pero... ¿se refiere al vagabundo?, apuntó ingenuamente uno.

 

- ¡Se dice indigente!... Corregía otro 

 

- Ese viejo lleva ahí desde que yo estaba en primero... Dijo otro - que sonó algo doliente -.

 

La profesora - Rosaura -, obviamente, había captado el mensaje que Lobsang estaba transmitiendo y con cierto apuro trataba de "enmendar" las respuestas que estaban dando los alumnos; a lo que el maestro le espetó que por favor no hiciera tal cosa... Lo que sucede es normal y es necesario verlo en su amplio desarrollo, para que cada cual pueda decidir, en conciencia, sobre ello.

 

 

Una alumna, desde el fondo del aula, le preguntó directamente al maestro si él sabía cómo se llamaba el hombre que nos estaba indicando y el Maestro, muy serena y pausadamente, respondió:

 

 

Hermano 

 

 

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